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El
Diablo se asocia con el virus, con el yo imaginario, con el punto. El
ángel maligno «mitad hombre, mitad bestia» representa
el lado oscuro de nosotros mismos, la inconsciencia, el egocentrismo
y la falsa autonomía. La astucia principal que emplea, basada
en su condición adimensional en la figura, consiste en convencernos
de que no existe. La infección del cuerpo, la manipulación
de la mente y la posesión del alma son sus armas más frecuentes
en la lucha contra el bien. Su tarea consiste en expandir al máximo
el principio de corrupción incluso hasta el límite de
la autodestrucción. Con ello intenta captar para sí la
dimensión que le falta.
Su significado es el siguiente:
El Diablo manifiesta el destino (bueno o malo). Poder
de seducción, impulso ciego, tentación, obsesión.
Desviación sexual. Un estado mental confesional. Las pasiones
carnales descontroladas.
Posición invertida: Carta dañina, fatalidad, mal uso de
la fuerza. Debilidad, ceguera, desorden. Efectos maléficos. La
patética condición humana que prefiere la ilusión
a la verdad.
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