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El
Carro es el arcano número 7 y está asociado con el ser
humano, con su conciencia individual, aunque también con los
animales y con las plantas.
Estos tres reinos de la Naturaleza están debidamente
impresos en el naipe. El protagonista, símbolo del ser humano,
es el mismo joven enamorado anterior que definitivamente ha elegido
realizarse como varón escogiendo la vida y lanzándose
al mundo ávido por perpetrar su conquista, al tiempo que consuma
su autoconocimiento y la medida de sus posibilidades de éxito
en la consecución de la hazaña. El Carro va tirado por
una pareja de caballos: son los animales que también están
dentro de él mismo, su comportamiento automático, sus
hábitos y tendencias instintivas que tendrá que dominar
para conseguir llegar a feliz término en un vehículo ciertamente
inseguro. El movimiento es la esencia del Carro. Aquí nos encontramos
en los cuatro vértices de la base piramidal intermedia donde
está ubicada la conciencia individual dimensionalmente simbolizada
por el movimiento. El joven auriga hace en el meso y en el microcosmos
el mismo papel que desempeña el Emperador en el macrocosmos;
de hecho, en su cabeza también lleva puesta una corona, es un
príncipe. Es capaz de interiorizar la realidad física
en su mentalidad transformándola en una realidad psíquica
emparentada con lo antimaterial.
Su lectura es la siguiente:
El Carro demuestra triunfo, victoria, superación
de obstáculos, esperanza, conquista. Buena noticia inesperada.
Gran autocontrol, habilidad para determinar el propio destino. Gran
fuerza física y mental. Velocidad. Viaje.
Posición invertida: Desorden generalizado. Enfermedad. Peligroso
descontrol. Peligro de un accidente violento. Malas noticias. Fatiga.
Falta de tacto. Mala conducta. Actividad afiebrada y sin reposo.
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